Fundamentos

Juan Masiá, Cuidar la Vida

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Cuidar la Vida: Debates Bioéticos

Juan Masiá Clavel, Herder 2012, 225 págs. PVP: 20,00 euros

Juan Masiá Clavel, jesuita residente 40 años en Japón, profesor de Antropología y Bioética en las Universidades Sophia (Tokyo, 1970-1989) y Comillas (Madrid, 1989-1998), ex-Director de la Cátedra de Bioética de la U.P. Comillas (2004-2006), es actualmente investigador del Instituto Interreligioso para la Paz (WCRP, Tokyo) y profesor de Ética en las universidades de Bunkyo, Sophia y Santa Catalina (Japón). Ha publicado en japonés, entre otras, las obras siguientes: Temas de Bioética, Teología de la liberación, Anatomía de la moral. Entre sus publicaciones en español: El animal vulnerable (1997), Bioética y Antropología (1998), Moral de interrogaciones (2000), Tertulias de Bioética (2005), Bioética y Religión (2007), Vivir en la frontera (2009).

Extractos

Bioética
“Bioética es una ética de la gestión responsable de la vida humana en el marco de los rápidos avances biomédicos, hay que replantear los límites de lo terapéutico o las fronteras entre terapia e investigación”.

Ciencia y fe
“Ciencia y fe se hallan emparentadas. La ciencia es hija de «doña Interrogación». La fe es hija de «doña Escucha». Las madres se asemejan, con herencia genética de audacia y decisión, en incertidumbre. La interrogación científica crea hipótesis, confiando en los descubrimientos. La escucha fiduciaria se atreve a esperar que se desvelen revelaciones. Ambas son capaces de buscar, cuestionar y cambiar de parecer ante la presencia de nuevos datos, sin dejarse contagiar por el sín¬drome del miedo al relativismo. Pero las ideologías, ya sea con máscara de ciencia o de fe, ni dudan ni inquieren: se aferran a certezas engañosas, anhelando seguridades. Pseudociencia y pseudoreligión son el uniforme de fanatismos dogmáticos”.

¿Bebé-medicamento o bebé-esperanza?
“Cuando se anunció en los medios que una familia buscaba, mediante selección genética, un hijo que salvase como donante la patología de su hermano enfermo, me alegré ante «una criatura que nace dando vida» y propuse no hablar de selección, sino de solidaridad genética. Me desagrada que se llame «bebé-medicamento» a la cria-tura procreada así. Hay calificativos mejores: «bebé-esperanza», «vida que nace dando vida», «criatura esperanzadora y solidaria», etc. «Bebé-medicamento», nombre por desgracia arraigado en titulares, proviene de las quejas de un portavoz episcopal, para quien esa criatura representa un medio o medicamento y no una persona. Pero ese recién nacido no es cosa, sino persona; no es medicamento, sino hermano solidario, donante de vida al hermano y alegría para su padre y madre, que con amor lo procrearon”.

Jugando a ser Dios
“Muy manida es la expresión Playing God, «jugar a ser dioses o aprendices de brujo», tanto para promocionar ese juego como para criticarlo. Habría que decir, con más optimismo científico y filosófico, que es misión conferida al ser humano por el mismo Dios el jugar el papel creador, con tal de que lo haga responsablemente. Si la manipulación biológica desembocase en la aparición de nuevas formas de vida en el laboratorio, no sería sino un resultado más de la creatividad puesta por el creador en las criaturas. Dios ha creado criaturas creadoras que cooperan en la creación, dice la teología renovada más reciente”.

Acoger el proceso prenatal
“Lo leímos en un boletín parroquial, que se quejaba así: «Fabricar niños en el laboratorio es impropio de la dignidad humana, porque se trata de un acto de producción. Los niños no se deben producir, hay que procrearlos». Lo afirmaba un teólogo, vocero oficial de un episcopado, conocido en los medios por sus frecuentes intervenciones pesimistas y condenatorias. Habrá que corregir su texto, si aspira a un aprobado en ética. Porque la fecundación médicamente asistida es auténtica procreación, es decir, cooperación a la obra creadora: la nueva criatura viene al mundo mediante un proceso en el que es engendrada, gestada y alumbrada. Sus progenitores, su familia y la sociedad más cercana acogen esa nueva vida acompañando el proceso de su nacimiento”.

Aborto
“En situaciones límite, el aborto conlleva serios conflictos morales. Pero no deberían formularse como colisión de derechos entre madre y feto, sino como conflicto de deberes en el interior de la conciencia de quienes quieren (incluida la madre) proteger ambas vidas, la de madre y la del feto. En los casos trágicos no hay soluciones prefabricadas. Se requiere flexibilidad para no condenar ninguna de las diversas posturas adoptadas en esas situaciones por diversas personas. Las campañas de mal gusto -por ambos extremos, pro abortistas y antiabortistas- impiden el debate ecuánime. Ni las religiones deberían enarbolar banderas de excomunión, ni las presuntas posturas defensoras de la mujer deberían jugar demagógicamente con la apelación a derechos ilimitados de esta para decidir sobre su cuerpo en supuesta colisión con la exigencia de respeto por parte del feto. El aconsejamiento moral o religioso, así como el psicológico, cumplen su papel de acompañar a las personas en sus tomas de decisión, pero sin decidir en su lugar ni condenarlas”.

Situaciones terminales
“Lo principal en situaciones terminales no es trazar una línea para decidir si se pone un calmante, o si se retira la prolongación artificial de la vida biológica. Lo decisivo es cómo humanizar el proceso de morir. Lo deshumaniza la prolongación inútil de la agonía con recursos tecnológicos exagerados, así como el no aliviar el dolor, paliar o sedar, por miedo a ser acusados de acelerar la muerte. Se hace así difícil asumir la propia muerte y acompañar a quienes mueren”.

(Via ReligionDigital)

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